El progreso actual se mide por el avance del conocimiento, en medio del cual, subyacen los enigmas que la ciencia no puede resolver. Observar la inmensidad del cielo o adivinar la pequeñez del átomo, aún cuando se han explorado intensamente, sigue siendo mágico. La dilatación del tiempo y la contracción de la longitud, ocurridas en el espacio sideral y las leyes probabilisticas de la mecánica cuántica, aplicadas a las partículas atómicas, no alcanzan para develar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, sólo porque no suceden a nuestra escala. Fuera de ella, las cosas son completamente diferentes.
En términos cercanos a las tecnologías de la información y la comunicación, ¿qué cambia en el mundo que no podamos percibir? y, si nos damos cuenta, ¿cómo llegar a entender y predecir las pautas de comportamiento humano sujetas a los efectos de las nuevas tecnología?, ¿podrán estos espacios colaborativos disminuir las diferencias entre el poder del conocimiento y la incertidumbre en la que se encuentra la mayor parte de la educación?. Tal vez esta sea una oportunidad para enfrentar los desafíos de superar las desigualdades.
Liliana Vazquez

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